miércoles, 12 de abril de 2017

Copiar es fácil

Cuando descubro que alguien copia algo de lo que hago: mi forma de divulgar contenidos, mi forma de compartir imágenes, mis palabras, mis proyectos, mis ideas o de repente hace algo que nunca hizo antes, sólo porque me vio hacerlo… entonces respiro hondo, uno, dos, tres…

Al principio me hago cargo de la bronca, la dejo que transmute la impotencia de sentirse robada, usada o duplicada como una fotocopia.  Luego pienso, que quizá,  si mi trabajo, mi creatividad, mi originalidad y mi esfuerzo inspiran a otras personas; entonces que esas semillas sean prósperas en sus sembradíos.  Se pueden ‘copiar’ ideas, proyectos, estilos y palabras, pero no se puede duplicar la energía, la intención o la eficiencia con que cada persona hace una misma cosa; y menos aún, el resultado que se logra con el trabajo realizado.
Artista: Eva Lobatón

Confesión: más que el enojo por la copia o imitación, lo que más molesta es la decepción al descubrir que colegas en los que confiamos, nos siguen en las redes sólo para copiar nuestro trabajo.

En esta época de internet y redes sociales es muy fácil hacer ‘cut+paste’ (cortar y pegar); incluso en los talleres literarios me cuesta que los alumnos hagan una síntesis, sin pegar y copiar oraciones originales del autor.

Copiar es siempre ilegal

Aún las publicaciones con derecho a copia o difusión gratuita (no para fines comerciales), aclaran que se debe citar al autor de la obra o del artículo.



Consejos para copiar


  • Si copias algo de otra persona con su propio estilo y lo que copias en nada se parece a tus publicaciones anteriores, estás demostrando falta de personalidad además de falta de ética.  Las diferencias de estilo siempre se notan.
  • Si no tenés la capacidad o la creatividad para escribir tus propios textos sobre la actividad que realizás o sobre el producto que vendés; y te ves ‘forzado’ a copiar, no dejes de indicar la fuente: autor, blog, página, etc.
  • Si hacés una adaptación de un texto escrito por otra persona, debés aclarar “adaptado del texto de….”.
  • Todos somos seres únicos y es mucho más honesto personal y profesional que te muestres tal como sos, con errores, con debilidades y fortalezas.
  • Una buena opción, en lugar de copiar y pegar, es contratar a un profesional que haga el trabajo de difusión, redacción, producción de textos y siembra en las redes sociales.  Por supuesto que al contratar a ese profesional, debés incluirlo en los créditos de tu página o esa persona debe tener  derecho a incluir tu testimonio o referencia en su página web.


Aún no hay un detector de estilos o ideas robadas, pero sí hay formas de detectar si un texto ha sido copiado:

“Esto se puede averiguar de una manera sencilla: se toma una frase del texto, se copia y se pega en el buscador de Google, pero entre comillas. Esto hace que el sistema busque dicha frase exacta y literal en Internet. Si aparecen textos con esa frase exacta, podrá determinar el plagio.”



Aprender es un camino que requiere constancia, esfuerzo, dedicación, tenacidad y la osadía de avanzar más allá de nuestra zona de confort.  Las personas a las que servimos, atendemos  o a quienes ‘vendemos’ nuestro trabajo, reconocerán nuestra impronta, nuestro color y nuestra vibración en este universo.  

Todos somos ignorantes en alguno o muchos temas, no debe ser eso una vergüenza.  Al contrario, saber reconocer nuestra ignorancia y pedir ayuda es mucho más valioso y sabio que aparentar algo que no somos.

La osadía no está en imitar a otros, sino en descubrir nuestros propios talentos y renovar nuestras aptitudes.

Susana Lorenzo ©
Derechos Reservados
Abril de 2017

“Enseñar no debe parecerse a llenar una botella de agua, sino más bien a ayudar a crecer una flor a su manera.”Noam Chosmky


viernes, 24 de marzo de 2017

Sobre la memoria, la justicia y la verdad

Marzo de 2017

Vivimos en un pueblo polarizado, 
superpoblado de reyes y tiranos dueños de la verdad.  

Respeto:La palabra Respeto procede etimológicamente del latín respectus, que significa “acción de mirar atrás”, “consideración, atención”; sugiere entonces como una mirada atenta, tomar algo en consideración. El respeto es reconocer el derecho ajeno; es el reconocimiento, consideración, atención o deferencia, que se deben a las otras personas. Es una condición “sine qua non” para saber vivir y alcanzar la paz y la tranquilidad. El respeto es un valor basado en la ética y en la moral. Una persona cuando es respetuosa acepta y comprende las maneras de pensar y actuar distintas a las de ella, también trata con sumo cuidado todo aquello que lo rodea.


Democracia:Se conoce como democracia a la forma de gobierno que se caracteriza por hacer que el poder recaiga sobre el pueblo. Es decir, que las decisiones tomadas por el Ejecutivo sean consultadas por un grupo elegido por la población. El origen etimológico de la palabra proviene del griego y significa pueblo y gobierno.


Para ser aceptado en una familia, hay que ser fanático del mismo equipo de futbol, comulgar con las mismas ideas políticas y no disentir en las formas de adorar a Dios. Expresar una opinión diferente, profesar otra religión o alentar al equipo contrincante, puede resultar en burlas, agresiones y hasta distanciamientos familiares.  Como si el amor, tuviera algo que ver con la política, la religión o el deporte.

Para la mayoría, ser Argentino significa ser un pinche tirano dueño de la razón y la verdad; con derecho absoluto a condenar, criticar, humillar y desacreditar a quien tenga la osadía de pensar diferente o de mostrar la verdad desde otra perspectiva.

Para la mayoría, ser argentino significa ser un pequeño dictador doméstico que ejerce la represión en las redes sociales, en la juntada con amigos y en las fiestas de fin de año.  Si ese ‘ciudadano democrático’ se convierte en parte de la oposición del gobierno, usará todos sus esfuerzos para desbaratar cualquier política de estado, para criticar hasta la forma en que respira el presidente de turno y sobre todo para atacar (palabra mediante) a cualquier persona que apoye a un gobierno elegido democráticamente.

Vivo en un país, donde todos quieren ser los mejores, todos quieren ser el equipo ganador, todos quieren tener el cetro del poder, todos quieren ser la iglesia que lleve más fieles a su rebaño.

Los otros: los del otro equipo, los que tienen otras ideas políticas, los que piensan diferente, los que veneran a Dios de otra manera; los otros son enemigos, los otros son la lacra de la sociedad, los otros son dignos de repudio.

A veces, miro y escucho a mi familia, a mis vecinos, a mis amigos o al colectivero y termino sintiendo que no me gusta ser argentina en una Argentina que divide, enfrenta y juzga.

Vivo en un país donde se insulta y agrede físicamente a los habitantes del país vecino, pero los pasos fronterizos colapsan en fines de semana largos, porque esa misma gente elige gastar su dinero del otro lado de la cordillera.  No invierte en su país, no piensa en el emprendedor que se esfuerza cada día, no cuida la industria nacional.

Vivo en un país donde se vocifera y se condena el ‘colonialismo’ y el uso de prendas con banderas extranjeras; sin embargo el 90% de la población usa zapatillas, tecnología y prendas de marcas extranjeras y prefiere las series de Netflix o el cine de Hollywood. Comprar a un artesano o una fábrica local no es ‘top’; hasta el motochorro sueña con comprarse unas Nike, un pantalón de tres tiras, un Iphone hecho en otro país y salir a comer a una cadena de hamburguesas Mc.  Del mismo modo, se habla de patriotismo y nacionalismo, pero el 80% de la población usa palabras como marketing, top, home theatre, I phone, tablet, corner o link, sin tener idea de cómo decir lo mismo con palabras en nuestro idioma.  Ni siquiera un 5% de la población habla una lengua aborigen, o recuerda herencia de los habitantes originarios de esta tierra.

Somos un país hecho de una mezcla de razas, hijos de inmigrantes y descendientes de colonizadores; aprendimos a defender y añorar lo de afuera, lo nuestro es de un submundo al que no queremos pertenecer.



Hemos confundido libertad de expresión con libertad de represión.  Libertad de expresión significa que yo pueda alentar al presidente democrático de turno, porque si todos sumamos, si todos aportamos, si todos miramos desde una óptica positiva, es más fácil sacar un país adelante.  Libertad de expresión es decir que no me gusta tu equipo de futbol, sin temor a que dejes de hablarme o tu enojo eleve el tono de los insultos. Libertad de expresión es rezarle a la Virgen de Guadalupe, meditar con cánticos tibetanos y abrir mi corazón para aprender de cada religión lo que alimenta mi espíritu.  Libertad de expresión es decir lo que pienso y lo que siento sin ofender ni agredir a nadie, sin temor a ser excluida de ningún grupo o comunidad.  Libertad de expresión es que tu hijo no quiera jugar al futbol y le guste pintar mandalas sin que lo trates de ‘marica’ todos los días de su vida.  Libertad de expresión es que a tu hija le guste el futbol y se suba a los árboles y no quiera ir a danza y no por eso la trates de ‘machona’.  Libertad de expresión es poder escribir un artículo o una nota editorial sin mirar sobre el hombro cuando vas a entrar a tu casa.

No alcanza con decir ‘Nunca más’, no alcanza con un feriado o dos en el calendario. Porque ese feriado será usado para ir de compras al país vecino, para un asado con los amigos, para unas empanadas en familia o para ir al ‘shopping’ a comer hamburguesas y comprar ropa de marca.  Durante ese feriado habrá chistes groseros, habrá insultos, habrá humillaciones y habrá acalorados discursos de los dueños de la verdad.

Mientras se idolatre a la ‘mano de dios’ (un futbolista que se hizo famoso rompiendo las reglas), mientras se estacione en una rampa para discapacitados, mientras se roben los insumos de la oficina, mientras alguien se haga el tonto cuando la cajera da mal el vuelto, mientras que comprar hecho en Argentina sea un bajón, mientras sigamos permitiendo que los padres manipulen a sus hijos para usar la camiseta de futbol o sumarse a la religión, mientras usemos nuestro tiempo y energía para atacar y desacreditar a quien usa su libertad de expresión; mientras tanto no estamos defendiendo la democracia. 

Mientras vivamos en este péndulo histórico de gobiernos que al bajar del sillón de Rivadavia se dedican a atacar y embarrar el camino del gobierno que sigue; mientras los partidos políticos sean una feria de vanidades y no un grupo de personas defendiendo intereses del pueblo y valores en común; mientras los partidos lleven el nombre de sus líderes y se condene a los detractores que no besan los pies del tirano; mientras tanto hay un dictador respirando en cada habitante que se cruza con una cuota de poder y soberbia.

Sueño con un país, mi país, donde podamos abrazar a los otros, sin importar su ideología, su camiseta de futbol o el altar de su casa.  Sueño con una democracia donde los ciudadanos se arremanguen la camisa, se junten con los vecinos y busquen la manera de hacer cada pedacito de este país un poco mejor.  Sueño con una familia que guarda el dedo acusador y el insulto que distancia, para estrechar los lazos y enseñarles respeto a las generaciones que nos siguen.
Susana Lorenzo



Tengo memoria
  • Nací en 1964.
  • Viví en Buenos Aires en la época en que los Montoneros (durante la Democracia) ponían bombas en los autos de la gente ‘bien’, secuestraban transportes escolares de colegios privados y participaban de tiroteos mientras yo iba a comprar el pan en el barrio donde vivía.
  • Trabajé en medios de prensa durante la época K (en Democracia), fui amenazada, perseguida y finalmente marcada en la lista negra del gobierno de turno, por expresar mis ideas, por fomentar la cultura, por tener programas educativos y por entrevistar a personas (artistas, escultores, escritores y músicos) que casualmente pertenecían a otro partido político o no eran bienvenidos por el párroco del pueblo.
  • Trabajé en una academia municipal de inglés y en un terciario de nivel superior (dependiente del gobierno) (en Democracia) y en ambos lugares fui criticada, segregada e incluso ‘invitada’ a dejar mi trabajo por no aprobar a todos los estudiantes, sobre todo si eran hijos de los funcionarios de turno, sobre todo si no acreditaban los conocimientos o aptitudes necesarias para aprobar la materia; porque en un establecimiento escolar estatal, lo que cuenta es el número de estudiantes que aprueban y no la calidad educativa.
  • Acaso, ¿una persona privada de la cultura y la educación, puede tener la capacidad de discernir y distinguir lo que significa ser un ciudadano en democracia?  Un ciudadano con bajos niveles de educación y desprovisto de cultura no puede distinguir la verdad de la farsa, es apenas un peón en la tenebrosa manipulación de los medios.
Susana pensante
marzo de 2017

jueves, 26 de enero de 2017

“Si vas a suicidarte, pedí ayuda”



Eso dice el slogan, eso dicen las campañas y eso dice un texto que se viralizó por las redes y que copio textual más abajo. Te cuento un secreto, o un chiste: es mentira.

Mi puerta y celular siempre están abiertos 24 hs. para cualquiera de mi familia o amigos que lo necesiten para conversar. No es bueno sufrir en silencio. Tengo, mate, café, té, pizza o tal vez una cerveza o buen vino, más una almohada si la requieren. SIEMPRE estaré aquí y siempre serás bienvenido! hay que demostrar que siempre hay alguien escuchando.. Me uno al movimiento de te quiero vivo. #PrevencionDelSuicidio #SaludMental Si se unen, seremos más y salvaremos a un AMIGO. ..

Si buscás en internet (al menos en Argentina), hay una línea gratuita: 135. Si llamás, Telecom te dice que esa línea está fuera de servicio.

Hay por supuesto listados de otros números de diferentes organizaciones, deben atender en horario de oficina, porque si llamás a la madrugada, nadie responde.
Por regla general, toda persona que sufre una crisis, está sola, y esas crisis suceden a la madrugada o en día domingo.

Si llamás a un familiar cercano, es probable, que como estás vulenrable, esa persona aproveche pare recordarde que si te sentís miserable es porque hiciste todo mal o no hiciste lo suficiente.

Si hacés caso al texto citado más arriba, y que se viralizó por las redes, descubrirás que 24 hs no es tan así, no puedes despertar a un amigo a las tres de la mañana, o escribirle un mail o mandarle un whataspp y decirle que te estás volviendo loco, que ya te rapaste la cabeza y que no encuentras salida. Nadie te va a buscar a tu casa, ni te llevará a la suya para invitarte, una piza, una taza de té o simplemente te abrazará hasta que te sientas mejor. Las frases comunes serán: no es para tanto, ya todo irá mejor, hay que tener fe. Se pasarán el tiempo de la charla pensando en qué decirte y no en escucharte o saber cómo te sientes.


Eso si, si te animas, si saltas al precipicio, luego vendrán todos llorando y traerán muchas flores (que nunca te regalaron en vida) y le dirán a todos lo bueno que eras o lo loco que estabas. Y entre ellos habrá susurros y en las redes muchas publicaciones: ¿Por qué lo hizo? ¡Qué egoísta de su parte no pensar en nosotros!

Centro de disuación del suicidio (para tomarselo con humor)

lunes, 19 de diciembre de 2016

Entre la imagen y la palabra


Los fotógrafos y los escritores nos parecemos bastante: contamos historias.  Elegimos el ángulo, hacemos foco en lo que importa, usamos luces para resaltar y sombras para sugerir.  Los escritores buscamos palabras para dibujar una imagen que habita nuestra mente o para plasmar una sensación que nos arrebata el suspiro.  Los fotógrafos buscan la foto que cuente en una sola captura, todo aquello que necesitaría más que un par de páginas escritas.

En la vida y en la guerra de poderes, la palabra es un arma, así como lo es una máquina de fotos.  Escribir y fotografiar son lujos de la libertad de expresión que asustan a quienes trafican mentiras.

Un verso, una estrofa o un párrafo, pueden al igual que una foto, volver eterno un momento, dejar un legado para quienes llegan después.

Me encanta la fotografía, aunque mi cámara aún siga en la lista de deseos que Papa Noel olvida leer.  Será por eso que cuando miro una foto, se me ocurren historias para escribir; y cuando cuento una historia, quisiera conectar una cámara a mi mente para mostrar la imagen que mi musa me enseña.

Susana Lorenzo ©
Escritora
20 de diciembre
Día del Reportero Gráfico
PH Imagen tomada de la red


domingo, 27 de noviembre de 2016

Llegadas

Cuando llegamos es un acontecimiento para celebrar. No importa si es un hijo que llega, una sobrina, un nieto, una ahijada o el bebé de una amiga. Compramos regalos que el recién nacido nunca aprecia. Regalamos ropa costosa que usará apenas un par de días o quizá una semana. Preparamos el cuarto o el rincón donde dormirá. Pintamos dibujos para decorar la pared. Tejemos mantas que cobijarán sus sueños y aliviarán sus mañas. Siguiendo modas de otros paises, organizamos 'baby showers' para la mamá primeriza. Me parece fantástico, porque la vida es un milagro y mi vida se llenó de colores cuando llegaron mis hijos.

Cuando nos vamos, es todo gris, nefasto y fatídico. No se permite hablar de la muerte, no está bien visto, y menos aún prepararse. Dejamos para mañana los besos, los abrazos, los momentos menos urgentes y los preparativos de nuestra partida. Cuando hablamos de la buena muerte o de cómo nos gustaría que se manipulara nuestro cuerpo ya sin vida, nos mirán con recelo, con más ganas de llevarnos a un loquero, que de escuchar nuestros deseos.

Cuando morimos, en mucho nos parecemos a un bebé recién nacido: no podemos elegir qué ropa usar, ni dónde reposar, ni en que gastar el dinero. Nuestros familiares tan queridos suelen elegir lo más conveniente: para la familia, para el que dirán, para el circo de los corazones rotos. Se gastan fortunas en coronas fúnebres que sólo admiran los conocidos y familiares que acostumbran comparar frases y tamaños de las flores que se exponen. Si esa misma cantidad de dinero se gastara en flores durante nuestra vida, recibiríamos, al menos, un ramo de flores por año. Algunas personas publican un aviso costoso en el diario de mayor tirada, para acompañar en sentimiento a los familiares del difunto. Hace falta coraje para publicar un aviso cuando la persona está viva, haciéndole saber lo mucho que nos importa.

Sería bonito celebrar nuestra partida, organizar una fiesta antes de irnos: reunirnos con nuestros seres más queridos, recordar los momentos más hermosos de nuestra vida, compartir palabras y sentimientos para que nada quedara sin decir, bailar nuestra música favorita, cocinar los platos más exquisitos, hacernos regalos, hacer muchos regalos y sobre todo dar tiempo y lugar para las despedidas.

Si recibir con colores y celebración es un gesto de amor, acompañar la partida de quienes amamos debería también serlo. La mayoría de las personas muere en soledad o rodeadas de mucha tristeza y dolor, o mueren con decenas de tubos insertados en su cuerpo y sus latidos conectados a máquinas que nada saben de sentimientos.

¿Cuándo es el momento correcto para hablar de nuestra muerte? ¿A los 40, a los 60, a los 70 o cuando ya es un diagnóstico terminal? Nos causa más temor hablar de la muerte que hablar de sexo con nuestros hijos o nuestros padres.

Si creemos en el cielo o creemos en la vida después de la muerte o creemos en la resurrección; entonces el cuerpo es sólo eso, un envase que nos contiene mientras estamos de paso. Es nuestra alma la que viaja, la que llega, la que se va, la que habita en los corazones de quienes amamos, la que deja su huella en las cosas que hicimos, la que siembra su música en el legado que nos animamos a sembrar. Reclamamos el derecho de honrar la vida pero olvidamos que la mejor manera de honrar nuestra alma es bendiciendo nuestra muerte.

Yo elijo la mano del amor sosteniendo la mía, un vestido de fiesta y mis zapatos rojos, unas cuantas cenizas para el suelo donde habite un jazmin, música celta mientras mi alma emprende vuelo y una última noche en mis sábanas perfumadas.

Porque cuando nos vamos, en realidad llegamos a ese cielo que nos prometieron, a esa dimensión donde los ángeles se hacen visibles y Dios nos abraza como niños.

Susie ©
Susana Lorenzo
Noviembre 2016


martes, 18 de octubre de 2016

Ser linda y joven estresa



(Por tu culpa, por tu grandísima culpa)








Si fuiste criada en la vieja escuela patriarcal, te inculcaron de niña que todos los hombres son malos y que hay que evitar el contacto cercano con esa especie.  Entonces, aprendiste a desplazarte en zigzag cruzando de vereda si distinguías dos o más varones de cualquier edad.  Antes de entrar en la adolescencia ya dominabas el arte de caminar con la mirada baja, escondiendo tus curvas para no provocar a nadie.

En la adolescencia aprendiste que un equipo de gimnasia puede causar un manoseo en la calle, que una minifalda es una bandera de provocación y que el ‘no’ no alcanza si tu novio fue criado en la misma escuela patriarcal.  También entendiste que el silencio es sano, una denuncia siempre volcaría la acusación en tu contra.

Si sos joven y linda te volvés una estratega en el trabajo, dominás el arte de cuidar las palabras,  medir tus comentarios y sonrisas para no confundir a algún jefe o cliente; caso contrario te culparían de haberle dado a entender que deseabas ser acosada.

Ser joven y linda te estresa, porque tenés que andar por la calle como capurecita en un bosque plagado de lobos.  Tenés que elegir la ropa que usás, cuidar el modo de andar, evitar las zonas solitarias, avanzar a paso rápido si escuchás pasos muy cerca, caminar por el medio de la calle si ya se te hizo de noche o elegir el camino más largo para sentirte más segura.

Cuando envejecés y la belleza se opaca con el paso de la vida, te volvés casi invisible y podés darte el gusto de vestirte como se te dé la gana, aunque es tarde para aprender a caminar erguida y mirar al frente.  (El inconsciente aún puede traicionarte y acelerar tus latidos si hay dos o más varones con actitud sospechosa en la misma vereda.)  Sólo corrés riesgo si te cruzás con alguno que se subió a la droga y no distingue entre una vaca y una gacela.

Crees que pasados los cincuenta, ya podés relajarte, ser simpática y no medir las palabras porque total, ya nadie se confunde.  Entonces, te preocupás por tus hijas y por tus nietas, que a pesar de vivir en esta época de supuesta igualdad de derechos, siguen siendo víctimas de una sociedad machista y cada vez a más temprana edad.


Deberíamos levantarnos en armas, caminar como guerreras portando nuestros arcos y un arsenal de dardos castradores para hacer puntería en el colgajo correcto.  Deberíamos acosarlos, maltratarlos, perseguirlos y hasta abusar de ellos; aunque pensándolo bien, habría que tener estómago, porque el 90% de los acosadores están pasados en años o faltos de talentos.

Sea como sea: educando a nuestros hijos varones o comenzado la verdadera revolución, creo que sólo las mujeres podemos generar el cambio que esta sociedad necesita. El primer paso es siempre interno, amarse y respetarse tanto como para poder distinguir el amor verdadero y sanar nuestras relaciones.  Desde ahí podemos ser guardianas, ejemplos y guías de nuestros hijos y de nuestras niñas; para que nadie se confunda, para que ser mujer linda y joven no te estrese, sino que te haga feliz.



Susie ©
Susana Lorenzo ©
Octubre de 2016


martes, 4 de octubre de 2016

Geriátricos de por aquí

La mayoría tienen nombres acogedores con la palabra ‘hogar’,  nombres de marcas importantes o caballerizas de alta alcurnia.

A simple vista y si no excedemos la estadía en más de una hora en días de visita o días de fiesta, el lugar tiene un jardín, un sector de plantas y hasta se huele perfume en el ambiente.

Basta quedarse más de una hora o visitar a los ancianos en horarios o días poco frecuentes para descubrir otra realidad.  Las postales pueden variar un poco pero los detalles golpean los sentidos sin piedad y nos llenan de impotencia y espanto.

Las sillas de rueda se amontonan (junto con sus dueños) en una sala comedor con una gran pantalla de televisión.  Quienes no tienen silla de rueda, están atados a sillas comunes con trapos o cintas de tela.  En un rincón los asistentes y enfermeros pueden tomar su media tarde a pesar del hedor a orín por los pañales y ropa pasados y sin cambiar. Algunos ancianos hablan entre ellos, como pueden.  Cuando llega un visitante miran como mendigando un gesto, una sonrisa o una palabra.

Los dormitorios pueden tener dos o tres camas, no hay privacidad alguna.  La combinación de ‘huéspedes’ no tiene sentido: a veces pueden compartir la habitación una persona sana mentalmente con otra que no lo está.  Las prendas de vestir y calzado están identificadas con grandes letras de marcador negro.  Las pequeñas pertenencias personales pueden desaparecer en la noche, durante la comida o durante el baño.

Todas las personas internadas son tratadas por igual, sin importar sus síntomas, su enfermedad o sus capacidades.  Desde el momento que sus familiares o apoderados los depositan ahí, pierden toda libertad, independencia, decisión, dignidad, respeto o privacidad.  Nadie puede elegir cuando dormir o cuando comer; tampoco a qué hora tomarse una siesta ni usar el baño con discreción sin que alguien decida abrir la puerta.  

Salir al mundo exterior, para dar una vuelta a la manzana o comprar algo rico en el almacén del barrio, no está permitido, a menos que un familiar los saque con autorización.  Hay algunos establecimientos que ni siquiera tienen vista al exterior, sus portones parecen blindados y sus ventanas están selladas.

No hay actividades recreativas que estimulen su salud mental y emocional.  Los jardines están casi siempre vacíos.  Quienes están perdidos en su mente se mantienen tranquilos y aislados con una buena dosis de medicamentos y televisión.  Quienes están sanos y lúcidos van perdiendo las ganas, sus habilidades, su cordura, su fe y quedan atrapados en un sistema que se lleva todo el dinero de su jubilación.  Quien fue ingresado sano hace más de cinco años, reza por su pronta muerte o termina contagiándose de la locura que lo rodea.

Puedo llegar a entender que una familia interne a un anciano que no puede valerse por sí mismo y requiere cuidados especiales, porque ya no distingue realidad de fantasía y porque su demencia lo vuelve difícil de tratar.  Aún así, me queda la duda, si con amor y con cuidados contratados en su propia casa, no estaría mejor.  En algún momento del día o de la noche, todas esas personas, tienen un destello de luz, un segundo de conciencia que los llena de dolor y vergüenza.

No puedo entender que una familia decida internar a una persona que apenas llega a los 70, porque no es bueno que viva sola. La mayor parte de la sociedad piensa que una persona debe vivir acompañada y con contención.  Se prioriza la cantidad de años a vivir y no la calidad.  Se piensa que medicación, techo y comida es todo lo que hace falta.  ‘Por su bien’, una persona es despojada de sus bienes, sus pertenencias, su círculo de amigos, sus rutinas, su libertad y su dignidad, para dejarla en manos de una institución que poco sabe de sus sentimientos y emociones.

Hablando claro: la cuota mensual de un geriátrico ronda los 12,000 pesos (ARS), eso no incluye ni remedios, ni apósitos, ni productos de higiene personal, ni atención médica.  Con ese dinero, bastaría para que una persona lúcida y sana mentalmente, pudiera pagar un alquiler y sus gastos básicos.  Podría elegir si dormir todo el día, si desayunar a las 12.00 o merendar una tarta de jamón y queso.  Podría quedarse todo el día con las ventanas cerradas si no tuviera ganas de ver a  nadie o podría salir a caminar un rato o sentarse en una plaza a ver el día pasar.  Podría elegir cuando bañarse y cuando no. 

Podría dormir tranquila sin que nadie la despierte.  Podría tener su ropa sin grotescas identificaciones de campo de concentración.  Podría tener una soledad más digna, menos humillante.  Más aún, podría ganarse unos pesos vendiendo sus artesanías o trabajando en cosas que le gusten y su cuerpo aún se lo permita.  Podría regar sus plantas cada día sin temor a que sean destruidas sin razón alguna.

Cada persona tiene el derecho a vivir como le plazca, siempre y cuando sus actos no interfieran en la libertad de otros.  Cada persona tiene el derecho de vivir sus últimos días de la mejor manera que pueda, haciendo uso de lo que se ha ganado después de tantos años de trabajo.  Como me dijo una vez una interna: ¿Qué puedo haber hecho de malo para que mi familia decida encerrarme por el tiempo que me queda en un lugar así? (Considerando que ese tiempo puede llegar a ser mucho más que diez años.)


Hoy he leído una noticia que me ha dado esperanzas: una anciana de otro país ha muerto de una forma inusual.  Después de quedar viuda y recibir un diagnóstico de cáncer, eligió terminar sus días viajando y no sufriendo con la quimioterapia.  Hay hijos y nietos que entienden que el amor y es lo que importa.  El verdadero amor procura que el ser amado sea feliz y disfrute sin importar si estamos de acuerdo o no.

Si no tenemos amor, si somos humillados y no somos respetados, estamos solos, no importa dónde y con quien estemos.

Ojalá mis hijos y nietos tengan el amor y la sabiduría suficiente para comprender y  respetar mis deseos.

Me basta con una habitación y baño independiente.  Un lugar donde tener mi música, mis libros, mi computadora y mis plantas.  Me basta con poder fluir según mi cuerpo lo pida.  

Me basta con una taza de té y unas galletas si eso es lo que hay.  Pero no acepto bajo ningún punto de vista, mal dormir mis últimos días acompañada de una extraña que nada tiene que ver conmigo.  Si elegí vivir sola porque es mejor sola que mal acompañada, quiero elegir, cuando cambie de opinión, con quien compartir mis noches y mis días.




Susie
Susana Lorenzo
4 de octubre 2016